Su objetivo es hacer un seguimiento personalizado y profundizar en el proceso. Aunque el trabajo de grupo puede suponer una enorme ventaja en el proceso de sanación, nada puede sustituir al encuentro que se produce en la intimidad entre terapeuta y paciente, acompañante y explorador. Ahí es más fácil encontrar las llaves que se necesitan para abrir las puertas específicas de cada proceso individual. Este espacio lo facilita porque el nivel de atención y comunicación puede llegar a ser mucho mayor.

 

En cualquier caso hay que tener en cuenta que el ritmo con el que se avanza y profundiza en el proceso de sanación siempre lo determina libremente el explorador de sí mismo. Al terapeuta le corresponde proponer ciertos pasos que nunca deberían ser forzados. Es necesario que cada toma de conciencia se produzca de modo natural según las características específicas de cada individuo. La guía siempre se encuentra en la sabiduría presente en el interior del explorador que es una con la que se encuentra en el terapeuta. Por este motivo la guía es la misma para ambos.

Las sesiones suelen durar entre una hora y media y dos horas, según las necesidades. La frecuencia la marca el explorador y suele ser mensual, a veces quincenal y en algunas ocasiones puede ser necesario trabajar semanalmente cuando se trata de una crisis.

Conviene acudir a la sesión sin prisas ni demasiadas obligaciones que atender a continuación. Lo ideal es  tomarse después un tiempo de interiorización para recoger, ordenar y asimilar lo que se ha experimentado en el trabajo. De este modo se le saca el máximo rendimiento.

Además de sesiones presenciales, se puede optar por hacer conversaciones telefónicas o vía internet (skype).